Tengo algo difícil que decirte

sida y TúCasos como el que describe nuestra colega Yudaisis Moreno en este artículo encontramos con frecuencia. La reacción positiva y el apoyo de las personas que rodean a los enfermos es lo más importante.

Él es de esos profesionales ejemplo para los demás, buen hijo y vecino, fuerte de ca­rácter, amigo de los más necesarios cuando aguardas un buen consejo y siempre capaz de ayudarte por tener una sensibilidad ili­mitada. Aquella tarde nos encontramos por casualidad y, aunque percibí algo extraño en su rostro, la discreción fue más poderosa que la curiosidad.

“Tengo algo difícil que decirte”, me dijo con la voz temblorosa y, mucho antes de escuchar mi aprobación, me soltó de un trancazo: “me diagnosticaron el Virus de Inmunodeficiencia Humana”. Me cautivó el asombro, y tampoco pude contenerme… “¿VIH?”, expresé más bien asustada y con la “inocencia” de concebirla una enfermedad bien lejana de mí y los míos. ¡Qué ingenua!

“Pero… ¿cómo fue?”, le pregunté y antes de escucharlo reaccioné. ¿Qué importaba eso ahora? Mi amigo no necesitaba ni una interrogante más; comprensión, apoyo y confianza podían ser las claves de la comu­nicación precisa.

Como él, fueron diagnosticados una veintena de artemiseños, en 2015. Hoy pueden estar marcados por un dedo; sin embargo, no cometieron delito alguno, solo menospreciaron el condón en el acto sexual. Sencillo, ¿verdad? “Hicieron el amor con la persona equivocada”, podrían decir algunos. ¿Y cuándo sabemos que es la equivocada, si le sucede a parejas que suman años de matrimonio, a quienes se encuentran por primera vez, a hete­rosexuales, bisexuales, homosexuales, a jóvenes y adultos?

En la provincia, la cuantía mayor de diagnosticados están entre los 20 y 29 años, aunque de 40 a 45 y más, aumenta levemente la incidencia. Y los hombres son los más afectados, sin obviar a las féminas, que en 2015 a nivel nacional y en Artemisa, son muchas más las que padecen el VIH, si comparamos etapas precedentes.

Ahora mismo cualquiera de nosotros pudiera estar en la situación de… tener algo difícil que decir, si tan solo rememoramos en los últimos años con quienes hemos tenido contacto sexual sin protección, al menos en una ocasión, y contamos a la vez la cadena de parejas de nuestras propias parejas un tiempo atrás, período en el cual se mantiene la posibilidad de transmitir el virus, principal causante de la epidemia del Sida (Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida).

Mas, nunca es tarde para cuidarse. Sugiero no seguir apostando por la suerte, y asumir posiciones inteligentes ante la vida; ni siquiera la estabilidad matrimonial, tan cuestionada a veces, asegura alejarse de padecer enfermedades de trasmisión sexual. El uso del condón sí.

No refiero otras vías posibles para infes­tarse, por ser muy aisladas en el territorio, como la transfusión de sangre contaminada; compartir agujas, jeringas u otros objetos punzocortantes; y de la madre al hijo durante el embarazo, el parto o el amamantamiento.

Procuremos a quienes ya viven con el VIH una vida estable emocionalmente. Ofrezcámosles nuestra mano. Ayudémos­los a continuar. Tampoco es el fin, solo otra manera de seguir con mayor precaución. Y si estás entre los sanos protégete siem­pre, solo así evitarás escuchar tú primero, y después repetir a familiares y amigos… algo bien difícil de decir.

 

 

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