¿Culpables?… ¿quiénes?

MachismoAsi tula su comentario la periodsita Myrla Pizarro de la Uz myrla@artemisa.cip.cu publicado en el semanario el artemiseño 
que me pareció muy interesante y quiero compartir en este espacio con mis lectores.
Comienza diciendo “El machismo no existe… lo que existe son padres que no supieron educar del modo correcto a sus hijos desde pequeños y estos crecieron con un concepto erróneo de la sociedad y de cómo tratar a una mujer”

Pese a tantos años de incesantes luchas feministas, son muchos los rincones del mundo en los que podemos haber escuchado el cuestionamiento acerca de por qué continúa existiendo la desigualdad entre hombres y mujeres.

Las conductas y pautas de comportamiento que por siglos determinaron el lugar de las féminas en la sociedad, ponen sobre la mesa el fuerte arraigo de una cultura ma­chista que ha sobrevivido a los cam­bios sociales, económicos y legales, cuestión que parece haber sido obviada hasta por los medios de comunicación que tan importante papel desempeñan en nuestros días.

A lo mejor la globalización no ha entregado sus armas a la ideología de la democracia de géneros; o, tal vez, aún no existe un modelo de democracia genérica que invite a su consecución. También pudiera ser que se hayan querido aplicar las mismas recetas para enfrentar el racismo, cuando debían tenerse más en cuenta los aspectos medulares, que en los diferentes contextos socioculturales, perpetúan el patriarcado.

La realidad es que si la industrialización y el acceso de las mujeres a la cultura, en su acepción de conocimiento, facilitó que en el siglo XVIII comenzaran aparecer voces femeninas en reclamo por los derechos a una vida sin discriminación, las actuales posibilidades que tenemos las mujeres de reconocer y combatir la condición de explotación en que vivimos son mucho más extensas a pesar de las diferenciaciones que puedan existir y las circunstancias de no saberlas aprovechar en función de lograr una incipiente democracia genérica.

En Cuba, al igual que en muchos otros países, subsiste una relación desigual entre los géneros: las mujeres continúan siendo la parte más afectada en este sistema, aún cuando encontramos elementos que visualizan un avance en su camino hacia la liberación de la opresión patriarcal. La pregunta de cuáles son las condiciones que permiten, en nuestro contexto, la subsistencia de esta forma de opresión, no posee una respuesta acabada, pero apostamos por el peso que tiene la cultura en la retransmisión de valores, normas, estereotipos y símbolos cargados de un fuerte androcentrismo, que han logrado predominar ante estructuras judiciales y proyectos sociales con perfiles encaminados a discriminar a la mujer.

Lo peor es lo vicioso del círculo. Una cadena de patrones socioculturales y estructuras discriminatorias que se transmite de ge­neración en generación y que sitúa al mal llamado “sexo débil” entre la libertad de crecer y superarse que posee actualmente, la independencia económica que ha alcanzado y el papel de subordinada que sigue desempeñando.

Superar estas actitudes requiere un cambio en el pensamiento, en los há­bitos y modos de actuar, una separación de lo que tradicionalmente se ha construido como lo femenino y lo mas­culino en la sociedad. En este sen­tido, algunos hombres todavía tienen bastante que aprender y demasiados prejuicios que desterrar. Nosotras, seguir tratando de educar —y educarnos— para hacer de la igualdad algo más que un discurso de género.

El machismo no existe… lo que existe son padres que no supieron educar del modo correcto a sus hijos desde pequeños y estos crecieron con un concepto erróneo de la sociedad y de cómo tratar a una mujer. Se trata de criar a los hijos enseñándoles valores positivos para una vida plena, en lugar de inculcarle desde el primer momento que: “eso es cosa de niñas”, “no llores que los hombres no lloran”, o “tú eres macho y no tienes que barrer”. Definitivamente son conductas que siembran Machismo en el ser de un varón. El hecho de que tu hijo juegue con niñas no significa que le pueda perjudicar en su orientación sexual… está visto y comprobado que hay muchos homosexuales que no necesariamente jugaron con muñecas en su niñez.

Pero mientras ellas no cambien los conceptos durante siglos heredados de abuelos y padres sobre la educación de sus hijos varones, el machismo en Cuba seguirá echando raíces. Y lo peor del caso: todos somos culpables.

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