SIDA

sidaPedrito apenas tiene 20 años y es portador del virus del sida. Cuando la doctora del consultorio lo citó, no quería creer lo que le decían. Lo mismo sucedió con sus familiares. Su novia no quiso verlo más, la hermana y los padres sentían un gran temor al contagio, y apenas le dirigían alguna que otra palabra. Se sentía solo y desamparado como un perrito callejero, de esos a los que todas les dan una patadita para que se aleje y no vuelva. Nadie quería relacionarse con él, por estar enfermo.

La historia de Pedrito es muy parecida a la de muchos enfermos de VIH. Claro que estos casos mayormente ocurren por el desconocimiento.

No los descrimines(Audio)

Muchas personas desconocen las características del SIDA y por eso ante un enfermo la reacción de rechazo se hace visible de manera inmediata. La mayoría se pregunta ¿qué debo hacer ante esta situación? La respuesta es bien sencilla; ante los infectados de SIDA cada persona debe adoptar la misma conducta que con cualquier otro enfermo. Por lo tanto se debe ser solidario, acogerlo con amor y brindarle toda nuestra ayuda.

No lo dude, así es, los enfermos de SIDA tienen los mismos derechos que las personas sanas. Rechazarlos en la escuela, en el centro de trabajo, en la cuadra donde vive o en cualquier otro lugar es un acto de injusticia, inhumano e inadmisible.

Convivir con un familiar que sea portador del virus del SIDA implica brindarle el amor y el cuidado que merece. Él o ella en pago tiene el deber de no dañar la salud de su pareja, de los hijas, de otros familiares u otras personas, ya sea dentro o fuera de su hogar. Para lograr esto debe cumplir rigurosamente con las medidas de precaución a fin de evitarles el contagio.

Se conoce por los resultados de estudios sobre el tema, que convivir con esta enfermedad no implica riesgo de transmisión del virus siempre que se tomen las medidas de prevención, necesarias y razonables. No obstante, en el plano social, incluso en la familia, no siempre existe comprensión para con las personas que contraen la infección del virus del VIH.

Para muchos y muchas es muy difícil la relación con personas portadoras del virus. Ante esta situación se debe buscar un especialista que brinde información sobre la enfermedad y proporcione medios para ayudar al afectado y enseñe como asumir adecuadamente el rol de familiar, amigo, compañero de trabajo o estudio, e incluso el de pareja.

Se sabe que aunque se puede controlar el desarrollo de la infección del VIH y alargar la existencia de quienes padecen el SIDA, este mal no tiene cura. Por tanto es responsabilidad de quienes conviven con los portadores de este virus crearles un clima solidario. La familia tiene la obligación de crear un espacio de acogida y apoyo muy especial para estos casos, Pero se sabe que no siempre es así. Por desgracia esta solidaridad desaparece en algunos sectores de nuestra sociedad por los prejuicios y los miedos existentes frente a esta terrible enfermedad.

A veces ocurre que por desconocimiento o por prejuicios, los enfermos son rechazados y discriminados. Esto es como ya dije antes inadmisible, inhumano e injusto. Pero lo peor es que provoca consecuencias devastadoras en la autoestima del enfermo.

Pero eso no para ahí, es más grave aún, predispone la cooperación del infectado a la hora de tomar las medidas necesarias para protegerse a sí mismos y a los demás. De esta manera aumenta el riesgo de contagio para otras personas. Ocurre también que cuando se conoce de la presencia en la escuela de niños o niñas seropositivos, algunos padres y madres aconsejan a hijos e hijas que se mantengan alejados, no jueguen con ellos o ellas y que los o las rechacen. Esta es una actitud muy incorrecta, una discriminación injusta, una manifestación de falta de apoyo y un atentado a su dignidad.

Esta actitud hostil, es una expresión de discriminación injusta, de rechazo hacia niños o niñas inocentes y, por lo tanto, no la podemos justificar. No existe razón alguna para que los padres de niños o niñas sanas rechacen la presencia en la escuela de estos enfermos. Por lo tanto no podemos permitir estas manifestaciones.

El rechazo hacia los enfermos de Sida se observan en centros de trabajo o de estudio, donde coexisten personas infectadas con otras que no lo son. En todos los caso discriminar a los enfermos es siempre un acto de inmoralidad, brutal e inaceptable.

Como pueden apreciar lo más importante para lograr un verdadero apoyo social y familiar a las personas que Viven con el SIDA es erradicar el del temor a ser rechazados. Esta es una de las formas de discriminación más desalentadoras para quienes conviven con un mal que requiere de una conducta solidaria, de respeto y amor, por sus afectos más cercanos, así como de aquellos que forman parte de su entorno laboral y comunitario.

El enfermo de sida es una persona absolutamente normal, que puede trabajar, que se puede enamorar, que puede hacer una vida normal siempre y cuando esté en manos de un profesional médico.

Por tanto es primordial asumir una conducta solidaria y comprensiva ante la enfermedad , saber enfrentarla y así será más llevadera y útil su existencia. La familia debe sobreponerse al dolor y el sufrimiento que le ocasiona un afectado por el VIH, para brindarle los cuidados, la comprensión y el amor que todo enfermo merece.

El día mundial de la lucha contra el SIDA se celebra cada año el 1 de diciembre y se dedica a dar a conocer el comportamiento de la epidemia a nivel global.

Se eligió este día debido a que el primer caso de SIDA fue diagnosticado en esa fecha en el año 1981. Desde entonces, la enfermedad ha matado más de 25 millones de personas en todo el mundo, de las cuales, más de medio millón eran niños y niñas. Así se convirtió en una de las epidemias más destructivas de la historia.

La idea de dedicar un día a la lucha contra el SIDA en el mundo se originó en la Cumbre Mundial de Ministerios de la Salud de 1988, dentro de los programas para la prevención de la enfermedad. Desde entonces, ha sido tomado por gobiernos y organizaciones internacionales alrededor del mundo. El lazo rojo es el símbolo mundial para la solidaridad con las personas seropositivas y con aquellos que conviven con esta dolencia.

El surgimiento del SIDA como enfermedad mortal y su conocimiento en Cuba a partir de 1983 alertó a las autoridades sanitarias. La rápida adopción de medidas y el establecimiento de mecanismos para la prevención de la enfermedad ha propiciado que la epidemia en la isla siga un ritmo lento, localizada en grupos específicos, con tendencia a un ligero aumento de los casos de uno a otro año.

En nuestro país se realiza un amplio trabajo de divulgación de apoyo a los enfermos, para prevenir la enfermedad y para el tratamiento a los enfermos. La sociedad y las instituciones facilitan y sostienen a las familias en el cuidado de los contagiados con todas las medidas económicas y sanitarias adecuadas, que les permita enfrentarse en mejores condiciones a la situación.

 

 

 

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